sábado, 25 de julio de 2015

A veces...

Me habían hablado de ti.

Me habían contado, que tiempo atrás, tiraste las maletas por la ventana y metiste tu casa en cuatro cajas para saltar desde el tejado. Me contaron que un buen día decidiste no guardar mas de lo que siempre podías llevar contigo. Que te fuiste, que tiraste las llaves detrás de ti, y nunca volviste a buscarlas.

Me dijeron que ahora hacer mortales hacia atrás en charcos ajenos y te tiras de cabeza en camas que no cubren. Dicen las malas lenguas que tenía un "todo al rojo" tatuado al final de tu espalda y un "no te líes" en la frente.

Me habían contado que las estaciones no pasaban por ti, y que sus trenes no entendía de vueltas. Que solo conjugabas en pasado y presente, y no hacías buenas migas con el futuro. Que en tus amaneceres solo cabías tú y que en tu coche no había sitio para mas historias de noches que prometen mañanas con desayunos dobles y cigarrillos al sol.

Me lo avisaron, que volabas alto y sin copiloto y tu única tripulación eran tus anteojos. Que tus salidas de emergencia en realidad no eran salidas. Qué de ahí no hay quien salga. Que volabas. Que si yo si, tu mas. Siempre mas.

Eso decían.

Pero yo Master en Kamikases por la universidad del Ni Caso, me lo jugué todo al número de la noche que te conocí. Así, sin mirar. Porque para qué iba a mirar, cuando podía verte a ti. A ti, metiendo sexta y separando la línea que separa el espacio del tiempo y lo real  de lo que solo saben hacer las personas como tú.  A tí, que se te habían roto los para siempre después de beberte unos cuantos nuncas. A ti, que también me avisaste. A ti, que no te quise escuchar.

Y así fue.

Y así fue como le robamos el mes de abril a Sabina, y nos hicimos lo que la primavera hace con los cerezos. Así nos cortamos las cuerdas, como dos locos de atar. Treinta veces, treinta noches con sus dias, en treinta sitios con sus gentes, en treinta minutos con sus segundos.

Y ahora, a veces...

A veces, me pongo valiente. A veces recuerdo que fui, fuiste, fuimos. Los mejores.

A veces me pican los motivos y me sobra la curiosidad por volver a ese sitio al que prometimos no llevar a nadie mas, como si pudiésemos prometer en nombre de lugares que no nos pertenecen. A veces, suele ser mas que a veces.

A veces hago un doble mortal hacia atrás y se me olvida que no hay fondo, y me encuentro derrapando en esa curva que se te dibujaba en la cara cuando recorría con los ojos la recta que iba de tu cabeza a tus pies.

A veces juego contigo al escondite aunque tu no lo sepas y de vez en cuando te encuentro mas de lo que debería en lugares que ninguno de los dos deberíamos conocer. A veces doblo esquinas y subo escaleras solo por miedo a no saber que diría mi guitarra si le vuelvo a pedir que cuente otro de nuestros encontronazos. Mis canciones fueron capaces de reconocer que detrás de sus letras te escondías tú.

Y a veces también me acuerdo que tú eras así.
Como los pájaros de Stephen King.
De esos que no entienden de jaulas.
De los que vienen de paso.
De los que pasan solo una vez.

Pero, a veces, si lo haces bien, una vez es suficiente.

ECGXIII




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