Nunca eres tan grande, como cuando alguien intenta que creas que eres pequeño y con una mirada le dices no tienes el poder ni la capacidad de medirme. Nunca eres tan completo como cuando te apoyas en los que te quieren, y compruebas la suerte que tienes por tener a tu gente al lado. Nunca eres tan valiente, como cuando te enfrentas a tus miedos, por el sólo hecho de reconocerlos, es el mayor acto de valentía. Nunca eres tan fuerte, como cuando reconoces tus errores y apartir de ahí procuras corregirlos. Nunca eres tu mismo, hasta que defiendes tus principios, incluso, al precio de perder a los que quieres.

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