¿No los ven? Están por todas partes. Los ángeles son como todos nosotros pero, además de trabajar, trabajan de ser ángeles. Algunos más que otros. Algunos laburan de ángeles full time y se pasan toda su vida haciendo acá abajo eso que hacen los ángeles allá arriba. Otros ni siquiera cobran aguinaldo por el trabajo de ángeles. Bastante insalubre que es. A veces, ciertos ángeles están en negro. Son los más descuidados. Son los que no son atendidos por sus dueños. Ni llegan a fin de mes. Pero siguen con el empleo. Al fin y al cabo, eso de ser ángeles en la Tierra les encanta. Por momentos, otros ángeles también quieren trabajar de otra cosa. Se cansan. Se aburren. Se hartan. Y cuando se fastidian de ser ángeles, qué pasa. No consiguen otro trabajo. Buscan y buscan, pero no. No hay caso. Tienen que seguir siendo ángeles aunque no quieran serlo. La orden viene desde el cielo. Entonces, se sublevan, se transforman, se cambian. Confunden a todos. Es mejor que nadie se de cuenta de que están entre nosotros. Sólo caminan, hablan y se reconocen entre ellos. Se miran fijo y se guiñan un ojo. Y esconden un poco -sólo un poquito- las alas.

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