domingo, 15 de junio de 2014

Deja que la vida fluya

A veces nos empeñamos en que las cosas sean como nosotros quisiéramos que fueran. Y este aferrarse a las propias ideas, este no querer soltar y que la vida siga su curso, es lo que constituye según los maestros, el principal obstáculo para nuestro avance y nuestra felicidad. ¿Por qué? Porque todo es impermanente. Tanto el invierno como el verano tienen su belleza, pero no podremos verla, si abrazamos sólo una de las dos estaciones, y no entendemos que lo único permanente, es que todo está en constante cambio. Si no aceptamos esta verdad subyacente, viviremos luchando y jamás podremos tener paz. ¿Y quién quiere vivir batallando? Mejor rendirse y fluir. A algunos de nosotros nos es particularmente difícil el desapego, y entonces, la vida se encarga de ponernos una y otra vez frente a situaciones de apego y desapego, para que comprendamos que en nuestro interior hay una sustancia esencial que no sufre modificación y que es lo único que permanece. En varias prácticas espirituales se reconocen algunas razones por las cuales el ser humano experimenta sufrimiento: La primera es cuestionar la realidad, no comprenderla; la segunda, aferrarse a aquello que es transitorio; la tercera temer a los cambios; la cuarta identificarse con un yo falso (roles, personalidad) y no con un yo superior (esencia), y la quinta, tener miedo a la muerte. Si miramos bien, todos estos principios son lo mismo y pueden resumirse en el primero y el último; no comprender la realidad y tener miedo a la muerte. Porque apegarse es no entender que todo en la vida es pasajero, fluye, es impermanente. Es desesperarse, y no ver que todo tiene su tiempo y sus procesos,y que hay que confiar, en que para saber vivir, hay que saber morir. Y si no, pregúntenle al día y la noche, a la noche y al día. Monica de Simone.

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