Mis tristezas se acurrucan en los rincones.
se esconden, se enumeran, se reconocen.
Forman en fila prolija.
Toman distancia.
Y esperan.
Saben que a veces, cada tanto mi boca las nombra,
mis lágrimas llueven sobre ellas, regándolas, mi corazón las hace palpitar
Ellas no están desnudas, están vestidas de ausencia y de conciencia.
Saben lo que fue y lo que es.
Lo fantástico, lo plausible es que sólo ocupan un lugar, una zona, un rincón
y allí mi razón las encuentra a cada una,
no ocupan nuevos espacios en mi ser;
solo compartimientos estancos, en un silencioso y oscuro reducto
No salpican mi vida con negros lutos,
tan sólo con sepias, rebeldes, de cierta nostalgia.
No se mueven, ni inmutan.
Es mi alma la que a veces,
con un sinfín de perfumes que aún conserva
se viste de audacia
y las visita.
Olga Sain

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