Cuando te vuelva
a tener esta noche
entre mis brazos,
sin más testigos
que la luna
y las estrellas
que brillan allá,
lejanas en lo alto,
te cubriré
de suaves besos,
jugaré a enredar
con mis dedos
tus cabellos,
te esconderé
en mi pecho
y te acariciaré
todo entero,
así muy lento,
al compás
de tu silencio.
Serán uno, dos
o mil momentos
que anticipen
y despidan
en amante
sentimiento,
el encuentro
de tu boca
con mi boca,
de tus besos
con mis besos,
de mis suspiros
y tu aliento,
un mágico
preludio
y una dulce
despedida
a la unión
enardecida
de tu cuerpo
con mi cuerpo.
María Elena Astorquiza V.

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