Recorro el campo de tu vientre arado por el tiempo y algún amor inconveniente, siembro cada surco de besos, los riego de saliva incandescente para intentar comer la fruta fresca de tu piel. Mis manos se estiran para llegar a las dunas que reinan tu pecho y danzan mis dedos ávidos de calor alrededor de tu pezón en llamas, y un diluvio de gemidos me ahoga el corazón. Se encuentran tu aliento y el mío, me descubro en tus ojos y te ves en los míos, lo que ayer fue sueño hoy es amor moldeando a dos seres completos, imperfectamente felices, dos amantes fugitivos del tiempo y la razón. Entre tus uñas y tu cuello perdí la noción de quien soy, existo porque tu sudor me baña la lengua con sal y ternura, se deshacen maleficios al compás del choque de nuestros cuerpos. No hay tregua ni descanso para entregarse, no se escatiman palabras ni gestos ni sentimientos que nos damos envueltos con un pedacito de alma, regalamos días, horas, años, quienes somos, quienes fuimos y quienes no seremos nunca, lágrimas secas y lágrimas nuevas, frustraciones y deseos, el dolor siempre acechando y la esperanza un paso adelante nuestro, los miedos silenciosos y los silencios por temor, el afán de ser eternos y de certeza del fin, la humanidad que nos queda y el instinto de supervivencia, todo, cuerpo, alma y vida nos dejamos en la cama. Hacemos y rehacemos el amor con la misma intensidad que vivimos y vivimos porque hacemos el amor con intensidad, soy porque estás y estás porque soy. Roja Pasión

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