El hombre nace con el conocimiento esencial, un niño sabe instintivamente aquello que es bueno y aquello que es malo, desde un nivel de conciencia, no mental.
La mente es algo que termina de desarrollarse como conjunto en la adolescencia y marca el principio de la razón, y es ahí donde buscando pruebas "tangibles" el hombre comienza a rendirle culto al cuerpo y a la mente, sin embargo entre más avanza en superficial conocimiento, igual cae en la cuenta de que la mente no tiene todas las respuestas, que hay conceptos que solo se resuelven en el campo espiritual.
Se puede tener un cuerpo fuerte y una mente sin trabajar lo debilita, de ahí los miedos a contaminarse y enfermar, de ahí tanta gente hipocondríaca o susceptible a contagiarse de algo.
Se puede tener un cuerpo y una mente fuerte y un corazón sin trabajar, de ahí las decepciones, frustraciones y depresiones, que no resuelve un "lavado de cerebro" que no se vencen con repeticiones.
Se puede tener un cuerpo, una mente y un corazón fuerte y un espíritu débil, de ahí el temor a la muerte y la incertidumbre por el destino, de ahí las dudas y el miedo donde surgen los apegos que tanto sufrimiento causan.
Es por eso que el hombre busca al final del camino el mundo del espíritu y será este mismo el único que lo conforte y le de la certeza que necesita. Saber: "¿quien soy?" es una premisa obligada a contestarse, avanzar sin ella, es haber detenido su evolución, es negarse a utilizar toda su grandeza.
Es el espíritu el que hay que cultivar, solo así la fortaleza invade todos los cuerpos, de otra manera seguiremos sintiéndonos una hoja al viento. Desconozco su autor.

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