Creí no encontrar las caricias para suplantar las tuyas,
las traía enraizadas, amarradas,
sujetas a cada beso que te daba
pero pareces que no estás amor,
no te encuentro
y entonces rebusco en esas caricias
para recordar aquel fuego que nos unía;
te amo, eso creo, ya no lo sé,
pero no estás para ver.
He tenido que aguantarme el frío
y fingirlo
y disfrazarlo con besos forzados,
simples,
besos mentidos,
y no debería pasarme así.
Ya no sé qué hacer amor,
te necesito pero me huyes
y como renaciendo de mis cenizas,
aparece él.
Perdón, lo sé, no está bien,
pero él parece “amarme” y me quema de verdad,
ya no finjo,
ya no disfrazo,
ya no hay besos simples
y mucho menos besos mentidos,
de eso no hay nada entre él y yo…
Y tú amor, pareces tan desentendido que me confundo
y no te entiendo y no me entiendo.
Soy hielo contigo.
Con él me quemo,
ardo, inflamo el cielo,
atizo los besos en sus besos,
calcino mis entrañas al imaginarlo dentro de mí
y ni que decir de la lluvia de meteoros candentes
que acarician mi piel cada vez que me toca con sus manos;
y así te olvido, besándolo a él.
Y de repente
olvido el día y la noche.
Y sin él decir nada, me convence,
me convenzo de ser mujer que merece;
merezco ir más allá de mí,
más allá de ti
más allá de los dos.
Él es fuego que devora y tú,
tú mi amor eres tan hielo que muero en brazos ajenos.
Perdón, perdón mi amor, ya no sé si es amor.
- Jarhat Pacheco

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